sábado, 1 de noviembre de 2014

Después de la Muerte, ¿qué?


 Después de la Muerte, ¿qué?
 
 
D. P. SABNIS
 
 El Sr. D. P. Sabnis es miembro de la Rama Blavatsky, Mumbai, Sección Inda de la ST.
 
   El Bhagavadgitâ sugiere la meditación sobre el nacimiento, la muerte, el decaimiento, la enfermedad y el error. Sri Krshna le dice a Arjuna en el Segundo Capítulo delGitâ que "la muerte es segura para todas las cosas que nacen, y el renacimiento lo es para todos los mortales", y por lo tanto no hay que lamentarse por lo inevitable. Lo que muere o perece es sólo el cuerpo físico, pero el verdadero 'Yo' es inmortal. Estamos familiarizados sólo con la etapa intermedia llamada vida, pero no sabemos nada sobre el estado anterior al nacimiento y tampoco después de la muerte, y esta es la razón del consejo para meditar sobre el nacimiento y la muerte. Antes de discutir los estados después de la muerte es necesario saber que el hombre es séptuple. Estos siete constituyentes son: el Cuerpo Físico, Cuerpo Astral (linga sarira), Vida (prâna), Deseo (kâma rupa), Mente (manas), Sabiduría (buddhi) y el Yo Superior (Âtmâ). En el lenguaje teosófico los primeros cuatro elementos, o cuaternario inferior, se los denomina 'Hombre personal' o 'personalidad' que es destructible y está sujeto al cambio, mientras que los tres componentes restantes se denominan 'Triada superior' o el 'Hombre Real' porque es inmortal e indestructible.
   Examinemos ahora lo que comúnmente se designa como muerte. Generalmente, cuando los latidos del corazón y el pulso se detienen, decimos que un hombre está muerto. Pero desde el punto de vista teosófico esto es solamente el comienzo de la muerte. Se puede decir que de los siete constituyentes, el cuerpo físico ha muerto y el proceso de la muerte avanza desde el físico hacia otros niveles. Cuando un hombre está muerto externa o físicamente, el Hombre Real interno, que es imperecedero, está ocupado internamente. Antes de abandonar permanentemente este cuerpo particular, él ve toda su vida pasada como una película. El Ego osutrâtmâ observa la vida recién concluida, como si fuera un espectador, sin ningún elogio o auto-decepción, y comprende las causas puestas en movimiento durante su vida, y la justicia en cualquier sufrimiento que vivió. Esta 'revisión' nos permite comprender el poder y la justicia de la Ley de Karma. La 'revisión' ocurre siempre, ya sea que la persona haya tenido una vida buena o mala, y haya tenido una muerte natural o no.
   Tan pronto como termina la tarea de 'revisión' del Hombre Real respecto a la vida concluida, los cinco constituyentes, menos el cuerpo físico y la energía vital, pasan a la región astral llamada Kâmaloka. Kâmaloka es el mundo o plano de los sentimientos y los deseos. En Teosofía también se lo llama Plano de los Deseos porque está relacionado, dominado y controlado por deseos. En un sentido relativo, este mundo es un reino astral invisible, que rodea e impregna nuestro planeta. Está más allá de nuestros sentidos físicos para conocerlo y comprenderlo, y sin embargo existe. El Kâmaloka es el 'purgatorio' cristiano, y se lo compara con un foso de escoria, es decir un pozo en el que se arroja el material inservible que es separado al calentar los metales. Se puede decir que la naturaleza proporciona un pozo o espacio para descartar los aspectos negativos o los deseos inferiores reunidos durante la vida. El Kâmaloka tiene muchos grados, ya que las personas del mundo difieren unos de otros en carácter y en muchos otros aspectos. Las gradaciones no sólo proporcionan las variedades y diferencias naturales sino también las causadas por el tipo de muerte.
   La muerte del cuerpo físico marca la 'primera muerte', pero el proceso de la muerte continúa en Kâmaloka en el que el cuerpo astral, naturaleza de deseos, y mente inferior, se separan de la trinidad superior Âtma-Buddhi-Manas o el Hombre Real, que va al devachan, svarga o Paraíso, después de la separación. Esto se denomina 'segunda muerte'. Después que los tres elementos superiores se separan, el cuerpo astral, la naturaleza del deseo y la mente inferior se unen para formar una entidad llamada kâma-rupa o cuerpo de Deseos. Este cuerpo de Deseos es similar a la 'ropa vieja' expulsada por el hombre real mientras se dirige al devachan y por ello nuestros antepasados lo denominaron Satán o el Demonio. En India se lo llama de diferentes modos bhuta o pisâcha, y se lo conoce como fantasma o espectro en el occidente.
   Durante la vida, el Hombre Real puede controlar los deseos y tentaciones, pero después de la muerte, al partir el hombre real, no hay control sobre el cuerpo de deseos en Kâmaloka. El cuerpo de deseos carece de inteligencia o comprensión, pero se puede activar bajo la influencia de fuerzas externas. Sin embargo, tiene cierto 'mecanismo o 'consciencia automática', debido a su larga asociación con el Hombre Real durante la vida. La consciencia automática exhibida por kâma-rupa es similar al movimiento automático de un sapo o un pollo, que se produce durante unos momentos después de matarlo. Este kâma-rupa es un repositorio de memoria de la vida que termina, porque el cuerpo astral del hombre tiene la propiedad de absorber y almacenar todas las experiencias y pensamientos de una persona, que suceden durante su vida y luego de despedirlos bajo condiciones adecuadas. Ya que estos cuerpos de Deseo de los muertos carecen de inteligencia y están separados del elemento espiritual superior, se los llama cascarones kama-rúpicos, porque sin los elementos superiores son como vasijas vacías.
   Son estos 'contenedores vacíos' los que se ponen en contacto con 'mediums', 'sensitivos' y los que dirigen las sesiones espiritistas. Por lo tanto, quienes visitan las sesiones con la esperanza de contactar sus seres queridos que partieron, realmente nunca contactan al Hombre Real o al espíritu, excepto en casos excepcionales.
   Los cascarones kama-rúpicos que contactan los que dirigen las sesiones, no son todos iguales. Quienes mueren de modo no natural, por suicidio, ahorcados o por accidente, no están en el mismo 'estado post-mortem' que los que mueren de modo natural. Las personas que mueren prematuramente no están realmente muertas porque las fuerzas cohesivas mantienen unidos los seis principios o elementos restantes hasta el momento en que la muerte natural se hubiera producido. Estas fuerzas cohesivas no pueden ser destruidas por ningún proceso mecánico. Por ello, la persona que muere de modo no natural permanece en Kâmaloka, parcialmente muerta, y los principios restantes tienen que esperar hasta que llegue el fin del periodo de la vida natural actual, ya sea un mes o seis años. Como ya se describió, al final de este periodo sucede la segunda muerte. Por ello se desperdician muchos años de la vida de un Ego en caso de muerte prematura. Por lo tanto se debería considerar hasta qué punto es adecuado suicidarse para escapar de los dolores y dificultades del mundo, o de matar a otros por alguna razón.
   El estado del ego en Kâmaloka depende de la cualidad de la vida que se tuvo en la Tierra. Algunos sufren durante su estadía en Kâmaloka mientras otros pueden permanecer en un estado de ensueño. Malhechores violentos, terroristas o criminales, con un sentimiento de odio y venganza, continúan repitiendo sus tendencias criminales. Cuando esos cuerpos de deseos (cascarones kâma-rúpicos) se ponen en contacto con personas altamente sensibles, lanzan sus pensamientos criminales en las mentes de tales personas.
   Cuando se destruye el cuerpo y los cinco elementos (tierra o suelo, agua, fuego, aire o gas y éter) de los que está compuesto, regresan a su forma original después de la muerte, entonces se disuelve el kâma-rupa en el Kâmaloka, pero el tiempo requerido para que se dispersen difiere de una persona a otra. Los cascarones astrales de personas buenas y normales se desintegran pronto, mientras que los cascarones de personas materialistas, egoístas, crueles y malas les toma más tiempo porque estos cascarones astrales están bien organizados, son consistentes y pesados. Entonces el estado post-mortem de Kâmaloka depende de la vida real en esta Tierra. El kâma-rupa se desintegra y abandona los skandha-s que son los responsables de guiarlo y regular el renacimiento, determinando el tipo de cuerpo, naturaleza emocional y mental, y dando algunos ajustes para el próximo nacimiento.
   Como se mencionó anteriormente, el Ego o el Hombre Real, después de permanecer por un periodo más largo o más corto en Kâma Loka, cae en una condición llamada inconsciencia pre-devachánica. Cuando este estado concluye, el Hombre Real entra al devachan. Es como re-ingresar a un estado consciente después del sueño.
 
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   En sánscrito, el equivalente para la palabra 'devachan' es devasthân, o el lugar donde los deva-s o dioses residen. Es un estado de conciencia donde el Ego reencarnante u Hombre Real, llamado sutrâtmâ disfruta de una felicidad pura. Este es el svarga de los hindúes y el Paraíso o el Cielo de los cristianos. Se dice que los deva-s (o semi-dioses) no tienen un cuerpo como el nuestro. El Ego tampoco tiene nuestro tipo de cuerpo en devachan, sino que está envuelto en un ropaje que es muy etéreo, adecuado a ese estado de consciencia. Se llama Cuerpo Causal o kârana-sarira. Después de la muerte, los ideales permanentes como generosidad, amor, verdad, belleza e inclinación hacia el bien, que son el aroma de la última personalidad, se adhieren al Ego cuando está camino al devachan. Permaneciendo en esta vestidura el Ego trabaja totalmente en el plano mental. "El Devachanee, quien está en el devachan, vive su ciclo intermedio entre dos encarnaciones, rodeado por todo lo que había aspirado en vano, y en compañía de todos los que amó sobre la Tierra" (La Clave de la Teosofía). Esta condición devachánica se puede comparar con la del poeta que está ocupado escribiendo su poema, o un pintor perdido en la selección y uso de colores, haciendo caso omiso a su entorno o al paso del tiempo. El Hombre Real está casi en una condición similar en el devachan.
   El estado del devachan es subjetivo y mental. Este estado se describe como una continuación subjetiva de la última personalidad sobre la tierra, porque persiste la idea personal, y la persona continúa pensando que todavía es el Sr. X o la Sa. B como cuando estuvo en la tierra. Entonces, si muere una madre y deja atrás sus niños y su esposo, entonces en el devachan, ella sentirá que está rodeada de sus hijos y que vive una vida feliz. Una persona en el devachan está rodeada por sus aspiraciones y altos ideales, viviendo en completa felicidad y bienaventuranza. En cierta forma, el estado de devachan es una ilusión pero esta ilusión no carece de sentido. Ciertamente es necesario para el descanso del alma que está cansada. Así como el cuerpo necesita descanso después de un día de trabajo, así el Ego necesita el descanso devachánico.
   Durante la vida tenemos muchas aspiraciones, ideales y pensamientos, pero no podemos concretarlos a todos, y entonces quedan almacenados como energía o fuerza mental. Nuestro cuerpo físico, el cuerpo astral y el cerebro no permiten el total desarrollo de la fuerza. Por lo tanto, esta energía permanece latente y después de la muerte cuando la unión de los principios inferiores está ausente, la fuerza  del pensamiento se expande y se desarrolla. Por ejemplo, un artista que aspiraba a lograr y avanzar mucho en el campo del arte pero que no pudo alcanzarlo durante la vida, lleva la fuerza de esas aspiraciones al devachan. En el devachan florecerán como un pimpollo, y se asimilarán en su naturaleza superior (Ego). En el devachan no obtenemos conocimiento nuevo pero hay una asimilación y expansión de todas las cualidades nobles tales como la simpatía, el amor por la belleza, el arte, y las cosas abstractas de la vida; también se asimila y expande cualquier bien que hemos aspirado a hacer, de modo que el Ego regresa a la Tierra enriquecido.
   El Ego permanece en el devachan por un tiempo exactamente proporcional a los impulsos psíquicos generados durante la vida. Esto depende del grado de espiritualidad y del mérito o demérito de la última encarnación. El Maestro dice que una persona puede estar en devachan aproximadamente unos 1500 años. Comemos nuestro alimento en quince o veinte minutos, pero toma tres o cuatro horas para que se transforme en sangre o energía física. De igual modo, el tiempo que se necesita para la asimilación en el devachan es más largo. Sin embargo, el tiempo de permanencia en devachan varía entre las personas. Por ejemplo, personas con una inclinación mental materialista que no crearon la fuerza mental para mantener sus principios superiores en devachan, nacen rápidamente. La sed de vida (tanhâ) los atrae rápidamente otra vez a la tierra. Quienes son totalmente materialistas, que nunca vertieron una lágrima por los demás, pueden surgir del devachan y renacer en un mes. Pero para los materialistas buenos, que no creen en el alma y en Dios pero que son bondadosos y serviciales, su condición en devachan es como la de un viajero que duerme en un tren y no tiene consciencia de las estaciones que pasa en el camino.
   ¿Los que están en el devachan, pueden ver o comunicarse con los seres que quedaron en la tierra? Los devachanee no los ven, aunque se rodeen subjetivamente y se imaginen con sus seres queridos, y los vean en una condición ideal. Una madre que dejó en la tierra a un hijo borracho, lo ve en el devachan como alguien reformado. HPB expresa que el Ego de una madre en devachan está pleno de amor por los hijos imaginarios que ve cerca de sí, y ese amor lo sentirán sus hijos en vida. "El amor más allá del sepulcro, aunque lo llamen ilusión, tiene una potencia mágica y divina que reacciona en los vivos. Se manifestará en sus sueños." Tal amor de la madre a menudo salva al hijo de peligros y dificultades.
   Decimos que después de la muerte, el 'Hombre Real' nunca se comunica con los que están en la Tierra. Sin embargo, existen dos excepciones. Primero, una persona que murió, que tiene un fuerte deseo de regresar por algún propósito específico, no entrará inmediatamente al devachan. Él fuerza su consciencia superior a permanecer despierta y por lo tanto el 'Hombre Real' hace el contacto. La segunda excepción es la de los Nirmânakâya-s, que se contactan con personas nobles seleccionadas, pero no con los que dirigen las sesiones. Por lo tanto, además de estos casos excepcionales, la Teosofía no está de acuerdo con la afirmación de los espiritistas de que el 'Hombre Real' se pone en contacto con las personas de la Tierra. Esto es lógico porque si el Ego en el devachan estuviera en contacto con el dolor o la infelicidad de la Tierra y especialmente con el de sus seres queridos, entonces ¿cómo podría haber una dicha pura para el Ego?
   De igual modo, nosotros en la tierra no podemos ni alcanzar ni influir a los que están en el devachan. Y sin embargo, durante el sueño, casi todos nosotros nos comunicamos con nuestros seres queridos que partieron, aunque al despertar traigamos solamente un recuerdo muy tenue del mismo. Los Mahatmas con sus poderes pueden contactar al Hombre Real en el devachan. Pueden incluso ayudar a quienes son nobles por naturaleza, pero que no tienen la capacidad de salir de la ilusión del devachan por ellos mismos, salir de la dicha del devachan y regresar a la tierra para asumir algún trabajo en beneficio de la humanidad.
   Existe una creencia comúnmente aceptada que la condición del alma después de la muerte depende de los pensamientos o de la condición mental que la persona tiene durante los últimos momentos. La calidad de consciencia en el devachan y la cantidad de tiempo pasado en devachan dependen de los pensamientos dominantes en el momento de la muerte. Algunos creen que a pesar de haber pasado toda la vida en búsquedas mundanales, si pronunciamos el nombre de Dios en el momento de morir, entonces experimentaremos un devachan rico y colorido. Lógicamente, es comprensible que durante nuestra vida, si sólo tenemos pensamientos de dinero o ganancias materialistas, de dañar a otros, entonces, en el momento final no podremos tener buenos pensamientos o recordar a Dios. Es claro que para recordar nuestra condición post-mortem, no es suficiente hacer el esfuerzo solamente en la vejez, después de jubilarnos, sino que es esencial que durante toda nuestra vida produzcamos nobles pensamientos y tengamos aspiraciones elevadas.
   Como ya hemos visto, el periodo de tiempo en devachan depende de la proporción y fuerza de los pensamientos morales y nobles de una persona en su vida previa. Cuando las fuerzas creadas por los pensamientos de la persona se agotan, la Ley de Karma lo fuerza a nacer nuevamente. Hemos llevado a cabo muchas acciones (karma) en la vida pasada, entonces para obtener recompensa o castigo por las nuestras, es absolutamente necesario renacer en la Tierra. Sin embargo, las fuerzas mentales adecuadas para la condición devachánica actúan contra las fuerzas de nuestras acciones (fuerzas kármicas) e impiden un nacimiento inmediato del Ego. Tan pronto como esta presión o fuerza mental del nacimiento anterior se agota, el efecto acumulativo de las acciones de muchos nacimientos previos empuja al Ego sacándolo del devachan y tiene que nacer otra vez.
   Hemos visto que antes de la muerte, el Ego hace una revisión de la vida recién concluida. De modo similar, al emerger del devachan y antes de nacer, el Ego está en un estado de consciencia totalmente mânasica con la que es capaz de analizar los actos de vidas pasadas y los efectos resultantes. De acuerdo con las causas generadas en el pasado, el Ego toma un nuevo nacimiento. Pero dado que el ego tiene que experimentar y equilibrar las numerosas acciones de muchas vidas previas, no puede experimentar sus efectos en una sola vida. Por lo tanto, al seleccionar sólo algunos de estos actos o karma, el ego nace nuevamente en la tierra. No sólo eso, nace en un lugar y un medio que puede producir menos obstrucciones y dificultades al ajustar los resultados del karma pasado. También nacerá con padres y una familia originadas por afinidades fuertes de karma. Nuestro ego mismo elige los padres y la familia según el karma pasado. Al saber que el nuevo medio está de acuerdo con acciones pasadas, el Ego se hace cargo de la cruz, la carga de la nueva vestidura corporal y nace. De modo que la muerte no es el final sino el principio de una nueva vida.


 
 
 
 
 
 
TEOSOFÍA
  Después de la Muerte, ¿qué?     D. P. SABNIS    El Sr. D. P. Sabnis es miembro de la Rama Blavatsky, Mumbai, Sección Inda de la ST.  
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