domingo, 1 de agosto de 2010

El Ente Biológico Humano: Feminidad y Masculinidad. Sexualidad y Erotismo

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El Ente Biológico Humano: Feminidad y Masculinidad. Sexualidad y Erotismo
Por Equipo Redaccion Biosophia   
 

ImagePodríamos, de forma muy sintètica, considerar al ser humano como una entidad espiritual, o vórtice de conciencia moral en desarrollo, que utiliza, o está encerrado, mientras permanece en su etapa terrestre actual, en una estructura biológica constituida por un cuerpo físico, un cuerpo energético-vital y una psiqué, o animidad, propia de un animal muy desarrollado, y cuya estructura meramente biológica coincide tanto con los planteamientos evolucionistas darwinistas como con los creacionistas, ambos claramente insuficientes e inoperantes.

         Cualquier cultura distinta a la actual, totalmente sometida a la influencia del materialismo occidental, como fué el caso de las distintas culturas del pasado, han sabido siempre que el hombre no debiera identificarse intrínsecamente con su cuerpo físico, puesto que el hombre NO es su cuerpo, sino que, mientras está encarnado, posee o utiliza un cuerpo o entidad biológica, que obviamente debe ser querido y cuidado, cuya conformación inferior, constituída por esos cuerpo físico, cuerpo etérico o energético, y cuerpo astral o de deseos, implicarìa la dirección de un Yo, como referencia individualizada y eje personal, y la entrega a una triada corporal superior o estructura ternaria espiritual, conocida desde Oriente como Manas, Buddhi y Atma, y en la denominación antroposófica Occidental de Rudolf Steiner, como Yo Espiritual, Espíritu de Vida y Hombre Espíritu.

         A través de  Steiner sabemos que fue una entidad espiritual, conocida como Lucifer (El Portador de la Luz), la que prematuramente suministró los primeros rudimentos de auto-conciencia al ser humano, dándole la capacidad de percibir sensorialmente las condiciones del ambiente que rodeaba su cuerpo físico para que supiera donde se encontraba y en qué condiciones se hallaba. Fue una especie de "despertar", prematuro respecto a los planes que tenía el Cristo o Verbo Creador, en los espíritus humanos, en las almas encerradas en los cuerpos animales de primates de la época terrestre conocida como Lemuria, que tenían una conciencia previa semejante a la de los animales actuales, pero restringida a la regulación "automática" de Jerarquías Espirituales, en un estado de sueño profundo. Tras la intervención luciférica, y ya en la época Atlante, pasó a ser una conciencia ensoñativa, propia de una clarividencia atávica.

 Este despertar de la auto-conciencia, aunque de forma prematura, posibilitó el que el ser humano pudiera adquirir en su momento la individualidad, la estructura fundamental para la mayoría de la humanidad en la época actual. También permitió el que las entidades de las Jerarquías opositoras a los planes del Cristo aprovecharan para introducirse en las estructuras etérico-astrales del ser humano, a través del mundo físico-material.

ImageTodos los sistemas rigurosos de interpretación de lo espiritual han hecho hincapié en la condición del ser humano como un ser potencialmente destinado a ser "creador",de acuerdo con los planes del Cristo para ésta su "criatura", y sin embargo ya sabemos que, a lo largo de cientos de años de evolución humana, se ha condicionado al hombre para impedirle este conocimiento, primero por parte de las Iglesias instituidas, y, fundamentalmente en el último siglo, por la actual ciencia materialista en su concepción de que el individuo humano no es más que un primate evolucionado, con algunos recursos  de inteligencia en su condición de animal "predador", siguiendo de este modo las teorías de conocimiento darwinistas y baconianas. Todo ello representa justamente lo contrario a lo que debería ser, pues el ser humano no es una mera prolongación de los reinos de la naturaleza, vegetal, mineral y animal, sino que habría de ser visto como un ser perteneciente a un reino propio, el humano, que precisamente lo es porque ha sido liberado en parte de esos otros reinos para poder llegar a ser "creador", es decir, dotado de la capacidad de poder contemplar, percibir y comprender el mundo en el que se desenvuelve y poder así modificarlo, trasmutando la realidad.

Feminidad y Masculinidad. Anima/Animus

         Las fuerzas elementales fundamentales y los arquetipos básicos que gobiernan a nuestros cuerpos inferiores dependen de nuestra historia kármica anterior, y son esas fuerzas y energías las que conforman la estructura de nuestra personalidad y de nuestra alma, como fruto y expresión de toda nuestra encarnación sucesiva en este plano físico material.

         Sabemos que, con independencia del género masculino o femenino que caracteriza a nuestros cuerpos físicos, todos llevamos en nuestro interior características y fuerzas del género contrario, que sirven para contrastar y compensar de una manera más o menos armónica, y dependiendo de cada caso, las tendencias e inclinaciones astrales, etéricas y emocionales propias y arquetípicas de nuestro género respectivo.

         Existen valores o conceptos básicos, arquetípicos, que han venido simbolizando a lo largo de todas las culturas y civilizaciones tanto lo masculino como lo femenino. Lo que para los hindúes representaban Shiva y Shakti, para los egipcios Horus e Isis, para los griegos y romanos Apolo y Venus, para los taoístas está compendiado en dos tipos de energía que caracterizan a todos los reinos de la tierra, incluído por supuesto el reino humano: lo que denominan Yin (energía básica femenina) y Yang (energía masculina). En ese sentido vivimos en un enorme yin yang: dos partes que configuran un todo único e indivisible, dos mitades que se pueden diferenciar únicamente para comprenderlas, pero que no tienen existencia independiente. Para que se pueda percibir la luz hace falta la oscuridad. Las cosas tienen su existencia sólo si existe el opuesto, y eso es así tanto con respecto a la luz y la oscuridad, el día y la noche, lo masculino y lo femenino, la fuerza y la debilidad. Todas nuestras cualidades, condiciones, virtudes y defectos están en nosotros, apareados con sus correspondientes opuestos. Ninguno de nosotros es sólo bueno, ni sólo inteligente, ni sólo valiente, y por tanto nuestra bondad, inteligencia y valentía coexisten siempre con nuestra maldad, con nuestra estupidez y con nuestra cobardía, balanceados siempre con arreglo a nuestra consciencia y a la influencia espiritual que nos corresponda.

Image         Esa equivalencia y polaridad contrapuesta y complementaria se refleja en el ser humano dentro de su estructura anímica, en la duplicidad de género que ha venido representando su alternancia  sexual en sus continuadas encarnaciones previas. Y fue Jung quien introdujo en la psicología científica occidental los arquetipos esenciales de lo masculino y lo femenino mediante los conceptos de "Anima" y"Animus". Para Jung, el personaje exterior de todo ser humano conforma la cara exterior de la psiquis, dado que es el rostro que se muestra al mundo. A la cara interior del psiquismo la designa bajo los términos "ánima" (en el hombre) y "ánimus" (en la mujer). El ánima representa el lado femenino de la psiquis del varón, y el ánimus es la parte masculina de la psiquis femenina. Jung escribió en tal sentido: "El hombre ha desarrollado su arquetipo ánima por la continua exposición a las mujeres durante muchas generaciones, y la mujer ha desarrollado su arquetipo ánimus por su exposición a los hombres. A través de la vida y la interacción uno con otro durante generaciones, cada sexo ha adquirido características del sexo opuesto que facilitan las respuestas adecuadas y la comprensión del sexo opuesto." 

Cada hombre lleva dentro de su psiquis una estampa de todas las impresiones producidas por la mujer a través de los siglos. Lo propio sucede con las mujeres y el ánimus. Dicha estampa, imagen o rastro es inconciente, y tiende a ser proyectada hacia la persona amada. El ánima en el hombre y el ánimus en la mujer representan una de las principales causas de la atracción apasionada o del rechazo exaltado. La mujer es compensada con un elemento masculino, y por lo tanto, su inconsciente tiene, como quien dice, un sello masculino. Esto resulta en una considerable diferencia psicológica entre el hombre y la mujer, y por consiguiente, el llamado ánimus –que significa algo similar a mente o espíritu– constituye el factor proyectivo en la mujer y se corresponde con el Logos paterno, mientras que el ánima corresponde al Eros materno.

El ánimus es el depósito, por asi decirlo, de todas las experiencias ancestrales del hombre que tiene la mujer. Mientras el ánima del hombre funciona como su alma, el ánimus de la mujer se parece más a una mente inconsciente. Se manifiesta negativamente en ideas fijas, opiniones colectivas e inconscientes, suposiciones a priori que reclaman ser verdades absolutas. En una mujer que se identifica con el ánimus (poseída por el ánimus), Eros generalmente está en segundo lugar con respecto a Logos.

El ánima en el hombre correspondería a la imagen de mujer o figura femenina presente en sus sueños o fantasías. Descrito como el arquetipo de Vida, éste puede estar representado como una mujer joven, espontánea, seductora e intuitiva, como una mujer malvada o como la madre tierra. Usualmente se le asocia con una emocionalidad profunda y con la fuerza de la vida misma, y con frecuencia los problemas relacionales son producto de la identificación inconsciente con el ánima o de la proyección del ánima en la pareja, lo que genera un sentimiento de desilusión respecto de la persona real. Las figuras que simbolizan el ánima no son representaciones de mujeres concretas, sino que son más bien fantasías revestidas de necesidades y experiencias de naturaleza emocional, de forma que podríamos referirnos a algunas representaciones de dicha ánima a arquetipos característicos como las diosas, mujeres famosas, figuras maternas, doncellas, prostitutas, hechiceras y criaturas femeninas (por ejemplo, la sirena). Para Jung, la Personahace de intermediario con el mundo social y el Ánima con el mundo interior. La pareja Ánimus/Ánima, o contrapartes sexuales inconscientes, están proyectadas, y así la tendencia natural en un hombre es la de proyectar los contenidos de su Ánima en una mujer real, a través de sentimientos amorosos u odiosos eróticos.

ImageLa construcción de esta duplicidad en el alma se construye en gran medida, a partir de nuestra experiencia afectiva con las figuras de nuestro padre y nuestra madre. Pero responde a una energía arquetípica más profunda, puesto que esta dualidad Ánimus/Ánima, o contrapartes sexuales inconscientes, están proyectadas La tendencia natural en una mujer es la de proyectar los contenidos de su ánimus en un hombre real, a través de sentimientos amorosos como los que se ven en el amor romántico u odiosos como la visión de algunos feminismos reductores. De la misma manera, el varón proyectará su ánima en una mujer real en la que verá a su musa inspiradora, la mujer de su vida o la madre de sus hijos pero también a la femme fatal, a la bruja que lo persigue, o a la mujer débil y necesitada de su fuerza.

La energía femenina se caracteriza por ser receptora, suave, envolvente, de ritmo ondulante, liviana y fluida. Es un energía que está en contacto con la supervivencia, la reproducción y el crecimiento, se asocia con lo frío, lo húmedo, lo descendente, lo estancado, lo oscuro, lo cerrado sobre sí mismo, lo que contiene, lo que está quieto, lo que introvierte, lo silencioso, lo que se abre para recibir, lo ligero, lo que tiene duración, lo que contempla, etc.  Mientras que lo masculino se identifica con una energía luminosa, activa, dura y áspera, es caliente y seca, es ascendente, es rápida, pesada, de ritmo entrecortado y golpeado. Es una energía identificada con la construcción, con la destrucción vista como forma de transformación. Se expande, penetra para entregar, se agota rápidamente, extrovierte, es sonora, agresiva y aguda en su focalización.

El ánima se manifiesta en mitos, en los sueños y en el arte a través de imágenes de mujeres que van desde seductoras fatales hasta guías espirituales. Tal y como ya se ha dicho se asocia con el principio del EROS de modo que su desarrollo se ve reflejado en el modo en que el varón se relaciona con las mujeres. Dentro de la propia psique del hombre, el ánima funciona como su alma, influyendo en sus ideas, actitudes y emociones. Jung decía en tal sentido: "El ánima es un arquetipo que resume satisfactoriamente todas las afirmaciones del inconsciente, de la mente primitiva, de la historia del lenguaje y la religión... Es siempre el elemento causal de los estados de ánimo, reacciones, impulsos y en cualquier otra cosa espontánea de la vida psíquica."

Siempre que el ánima permanezca inconsciente, todo lo que ella representa será proyectado en el otro, y así Jung distinguió cuatro etapas esenciales en este arquetipo. En la primera, Eva, el ánima es indistinguible de la madre personal. En la segunda etapa, viene personificada por el personaje de Helena de Troya, el ánima es una imagen sexual pronta a la seducción y al amor pasional. En la tercera etapa, María, se manifiesta en sentimientos religiosos y en la capacidad de mantener relaciones duraderas. En la cuarta etapa, Sofía (Sophia, Sabiduría), el ánima funciona como la guía interior, llevando a la conciencia al descubrimiento de los contenidos del inconsciente, de manera que coopera en la búsqueda del sentido de todas las cosas y es la musa creativa en el campo del arte.  

Image  Precisamente uno de los inapreciables conocimientos que nos legó Steiner es el de que la mujer posee un cuerpo etérico (energético-vital) masculino, es decir, notablemente más potente y resistente que el del hombre, algo que hoy día ya se puede investigar psíquico-fisiologicamente. Ello es lógico por el papel que desempeña como generadora de nueva vida. En el caso del cuerpo astral (anímico-emocional) tanto el hombre como la mujer contienen ambas polaridades masculino-femeninas, una manifestada y la otra sin manifestar. Los individuos en formación precisan de la protección de los cuerpos astrales de ambos progenitores, ya que cada uno de ellos le puede ofrecer la mitad de la información que requiere para el desarrollo de su plena dualidad interna.

         Por ello el individuo en sus primeros años, sea de cualquier sexo, va siempre a proyectar las partes ocultas de su alma para su desarrollo interior, de forma inconsciente pero cuidadosa: el niño proyectará en la madre, o en la persona de sexo femenino que ejerza ese papel, para integrar ese arquetipo femenino a lo largo de su infancia y adolescencia, aunque también tiene influencia la figura paterna por su vinculación astral inconsciente. En el caso de la niña ocurre lo contrario.

Es sumamente interesante constatar las concomitancias y afinidades que mantiene ese doble concepto jungiano del Anima/Animus con lo que en términos antroposóficos se conoce como el/la DOBLE en su aspecto más negativo y renuente, peyorativo e inconsciente, cuando el mismo Jung establecía que, en los aspectos más primarios e inconscientes del Anima "Por regla general, el resultado (de las proyecciones del ánima) es rigidez prematura, aspereza, estereotipia, parcialidad fanática, obstinación, pedantería, o bien resignación, lasitud, descuido, irresponsabilidad y finalmente una petulancia infantil y el arraigo en el alcohol o la sensiblería."…………"Dirigida hacia afuera y en estado de posesión, el ánima es veleidosa, desmesurada, caprichosa, desconsiderada, perversa, mentirosa y dada a todo tipo de vicios. Le gusta rodearse de sujetos inferiores y crea situaciones de vulgaridad. En este estado de posesión o inflación, pierde su encanto natural y sus valores desfigurando a la persona de la cual queda apenas un residuo. Esta forma de identificación con el ánima lleva a un desinterés por la vida y a un estado de perdición." Y en tal sentido podemos constatar que prácticamente todos los enfrentamientos y fanatismos que enfrentan a los seres humanos provienen de la identificación con su Doble, en su ciega proyección al exterior (a la otra persona) de las propias fragilidades, necesidades, dependencias y miedos.

Y en tal sentido es muy interesante observar cómo, en la visión básicamente luciférico-ahrimánica del psicólogo suizo, el mismo apuntaba: "La Sombra y el Anima (o Animus) son los guardianes del Portal que conduce al Inconsciente", que bien podría traducirse por el hecho de que tanto el Doble como el Guardián inferior del Umbral representan los límites a transcender, controlar y concienciar, para poder tener acceso a los mundos suprasensibles, pues estas dos figuras, a lo largo del proceso de individuación, nos confrontan, nos revelan aspectos ocultos de nuestra psiquis, nos abandonan, nos engañan, se entregan a nosotros y nos olvidan, se vuelven obsesivas o se tornan ariscas y enemigas irreconciliables del yo en formación. No podemos ignorar por tanto a tales figuras, que en el mundo espiritual no son otra cosa que verdaderas entidades, porque son autónomas y conocen las profundidades de nuestro mundo interior. Hagan lo que hagan, no tienen propósitos morales, ni buenos ni malos pues su función instrumental es básicamente enseñarnos a existir.   

Relaciones interpersonales

Image         La mayor parte de las veces las personas no nos estamos relacionando con las otras, sino con las proyecciones que nosotros lanzamos sobre ellas. Es decir, no nos relacionamos con la entidad profunda de quien tenemos delante, sino con la idea que nos hemos forjado de tal persona, a través de nuestra subjetividad y nuestra propia animidad, que obviamente parte de sus propios condicionamientos personales, de nuestros gustos, simpatías y antipatías, de nuestros propios principios morales y éticos, en suma de la estructura de nuestra personalidad y nuestros cuerpos inferiores. Si profundizamos y examinamos la relación mantenida con otra persona, a veces durante años, podemos reconocer que apenas sabemos nada de ese ser, porque la mayoría de nuestras sensaciones y recuerdos tienen mucho más que ver con esas proyecciones procedentes de nosotros mismos que de las cualidades reales de esa persona. Pero si aceptamos que si ni siquiera nos conocemos a nosotros mismos, ¿cómo vamos a conocer a los demás?.

         Se necesitaría un cierto nivel de conciencia para que uno pudiera empezar a diferenciarse de su "doble", que es esa estructura interna de la que antes se hablaba, con quien normalmente todos nos identificamos. Cuando ese nivel de conciencia lo permite por su propia conformación o por autodominio consciente, se es más tolerante con los demás, se puede conocer porqué la otra persona hace lo que hace y es como es, y se sabe que es inútil y contraproducente para una relación el criticar o intentar cambiar el comportamiento del otro sin ser capaz, al mismo tiempo, de conocer las implicaciones subconscientes que le han llevado a ser y actuar de una forma determinada, todo lo cual, obviamente, no está al alcance de cualquier persona "normal". Las demás personas, por supuesto, tampoco se relacionan con nuestra realidad anímica ni nos perciben a nosotros donde nosotros nos sentimos anímicamente, sino básicamente a nuestras proyecciones, a lo que nosotros proyectamos al exterior, y así cada uno va a cosechar en esta sociedad los resultados de la imagen que sepa proyectar de si mismo, desgraciadamente con mayor eco social cuanto más grandilocuente y esperpéntica sea.

         La etapa de la vida en la que resulta más factible un verdadero encuentro entre los distintos "yoes" es en la edad madura, precisamente porque es cuando las estructuras fantasmales de la astralidad se vuelcan en el propio interior y pueden hacerse conscientes para el sujeto. Es la etapa en la que las relaciones de pareja o amistad pueden humanizarse y hacerse más auténticas, en una verdadera y perdurable fraternidad entre las almas. En cualquier caso finalmente es el "karma" individual, y las disposiciones de las Jerarquías Espirituales que actúan en nosotros, lo que en definitiva puede determinar qué relaciones se mantienen y cuales se posponen, quizás para una próxima encarnación, tal como nos dice Steiner.

Amor, Sexualidad y erotismo

...nuestra época desconoce el amor. Se limita a fantasear sobre él, y hasta miente. Cuando se piensa sobre el amor en realidad solo se conoce el erotismo...Es la negación del Espíritu la que convierte la fuerza del amor en fuerza erótica. En muchas esferas el servidor inferior del amor, el erotismo, además de usurpar el puesto del genio del amor ha incluso ocupado su contraimagen, el demonio del amor que surge y actúa en el hombre cuando la divinidad es utilizada por el pensar intelectual que lo despoja de su espiritualidad...nuestra época confunde lo que es espiritualidad del amor con su demonología en la sexualidad...pues lo que vive en la sexualidad se halla impregnado de amor espiritual, pero la humanidad puede caer de esa espiritualidad del amor"

R.Steiner, "Tres perspectivas de la Antroposofía", conferencia de 22 de julio de 1923.

Image         La función psíquico-biológica de la sexualidad/erotismo, aunque legítima y hasta positiva, pertenece a un nivel inferior de la espiritualidad. Su contraparte negativa puede designarse como lujuria/odio, que implica una tendencia destructiva en el área amorosa, hacia uno mismo o hacia los demás, reflejado sobre todo en el campo del sado-masoquismo y la pornografía.  El problema de la época actual no es ya el que se distorsione el concepto del amor, sino el que se intente presentar a sus opuestos, el odio y la destrucción, el placer confundido con el dolor físico, la instrumentalización y cosificación del otro, como valores aceptables y positivos en sí mismos a nivel sexual, dentro de un relativismo moral que abarca hoy en día prácticamente todos los ámbitos sociales y culturales.

         Jamás a lo largo de los siglos se ha banalizado y tergiversado tanto la sacralidad del acto sexual humano, como representación más profunda y sublime de la expresión del amor humano. Nunca el cuerpo astral humano, y por tanto sus contrapartes el cuerpo etérico y el cuerpo físico, han estado más expuestos y sometidos, en el campo de las relaciones sexuales, a la influencia de las fuerzas adversas más destructivas de explotación, manipulación y objetización, a través de la avivación de los elementales emocional-astrales más dependientes y neurotizantes. El alma humana se encoge y se hace raquítica, se neurotiza y se necrotiza en más y más pedazos, ante la acción premeditada, contundente y alevosa de las fuerzas que controlan y dirigen la gran revolución sexual de nuestros tiempos.

 La mercadotecnia más obscena y más obtusa de las formas más inconcebibles de erotismo fácil y chabacano y de la más sofisticada pornografía, es expuesta libérrimamente en decenas de miles de webs de Internet, relegando al lugar del olvido todo proceso de esfuerzo, disciplina y responsabilidad ético-moral-sexual, y por tanto de evolución y de espiritualización de la consciencia humana. El más preciado instrumento de la ciencia materialista y de la tecnología, la llamada consciencia transpersonal del mundo, el gran cerebro global, Internet, ha conseguido aupar hasta tal punto los valores erótico-materialistas del más nauseabundo hedonismo pornográfico a través de las pantallas de nuestros ordenadores, que puede parecer chocante y absurdo pretender inculcar a nuestros hijos, que nunca a lo largo de tantas vidas podrían haber tenido conocimiento de tantas y tantas perversiones con tan solo apretar un botón, ningún valor ético o de disciplina astral, emocional o sexual.

La inmensa contaminación astral-sexual resultante de la industria de la pornografía, así como de la prostitución (España es el lugar de Europa con más prostitución, con alrededor de 400.000 prostitutas ejercientes, calculándose que en el mundo puede haber unos 40 millones de ellas), no es baldía ni gratuita, ya que esa polución no se disipa de forma automática, sino que se emite a los planos etéricos de la tierra y repercute inevitablemente en todos los hombres y mujeres al constituir un poderoso activador materialista y antiespiritual. El hombre no parece darse cuenta que las fuerzas sexuales que dominan su cuerpo astral, si no pasan por su autoconciencia ético-moral, le conducen y le bandean como a un niño, como a un infante que se regodea de su libertinaje y de su promiscuidad en nombre de la más sacrosanta libertad y permisividad, ignorando que somos hijos y herederos de nuestra conducta sexual, y que por tanto la huella que imprima nuestra irresponsabilidad sexual en nuestra alma y en nuestros cuerpos inferiores quedará como un lacre indemne que retornará kármicamente a construir nuestras próximas vidas como el bagaje astral más lerdo y condicionante para nuestra eventual libertad y en definitiva para nuestro espíritu.

Image         Este proceso, como ocurre hoy día con casi todos los procesos de decadencia y de irresponsabilidad moral, está seriamente amenazando a toda la sociedad universal que, al banalizar de forma tan ostensible y sistemática la relación sexual, tiende irremisiblemente a su destrucción anímica. La institucionalización y asunción de formas de relación tradicionalmente pervertidas y aberrantes presume de una absurda y presunta modernidad "buenista" y permisiva que no hace sino llevar hasta los cimientos de la sociedad moderna un erotismo esclavista donde lo promiscuo y gratuitamente placentero marcan la pauta en las relaciones sociales e interpersonales. De tal forma que, por ejemplo, muchas mujeres, y cada vez más hombres, se resisten a abandonar su atractivo sexual mediante toda clase de artilugios y prótesis físico-psiquicas. Y así, ignorando su edad biológica, paralizan su desarrollo anímico, manteniéndose en una especie de adolescencia perpetua.

         Los medios y la modernidad se han encargado sistemáticamente, a partir de los últimos decenios, de desmitificar la trascendencia espiritual del sexo, presuntamente con el fin de acabar con la tradicional represión católica, e impulsando y fomentando a machamartillo el aspecto hedonista, promiscuo y "sexy" de sus cuerpos inferiores, han relegado la importancia del amor, el respeto mutuo y la presencia espiritual en el acto de intercambio sexual, cuando precisamente el sexo es el campo de expresión por antonomasia del Cuerpo Astral, sus deseos, sus necesidades, sus emociones, pasiones, ansiedades y angustias. Probablemente nada repercute más en la vida habitual diaria de los seres humanos que el impacto del orgasmo sexual en esa parte de su alma, y es obvio que el intercambio de fluídos, de energías elementales,  emocionales y astrales, entre hombre y mujer en su relación sexual, modifican indeleblemente, sea para bien o para mal, la estructura respectiva de los cuerpos y de los elementos, adversos o positivos, que los conforman. Su resultado y consecuencias redundarán en la constitución sana o enfermiza de los miembros de la pareja y de su karma transcendente.  

         Las fuerzas que normalmente se utilizan en el acto sexual, ya sea en su forma más legítima para la reproducción  o ya sea para la satisfacción y descarga de la tensión neuro-sensorio-emocional, también pueden utilizarse con la finalidad de reajustes energéticos, no sólo en lo físico metabólico, sino también en las estructuras eterico-vitales y anímico-astrales. Y en tal sentido es penoso observar cómo la más moderna farmacopea le permite al hombre trascender la fragilidad de las características congénitas de sus cuerpos inferiores y de su propia histórica kármica, con solo tomar una pastilla de estimulación química artificial, de manera que se puede convertir a capricho en un supermán sexual o en un gozoso y hedonista semental por medio de drogas sexualmente estimulantes perfectamente asumidas por el sistema social y que simplemente le convierten en una máquina de acopio de placeres erótico-terrenales, a cualquier edad y a cualquier precio.

Y sin embargo cuando el individuo pierde sus facultades reproductivas, en todo, o en parte en el caso de los hombres, es precisamente cuando se presentan las condiciones idóneas para la sublimación espontánea o natural de las energías sexuales, es decir, que una parte de las energías etéricas que anteriormente se habían dirigido a la función reproductora, quedan liberadas en el organismo, y por tanto, pueden ser puestas al servicio del desarrollo espiritual. La urgencia sexual dejará de presionar y dispondremos de más fuerzas para dedicarlas a tares espirituales y trascendentes.

ImageBien es cierto que la completa y sistemática abstención de una función, la sexual, absolutamente esencial en el ser humano, puede producir también terribles desequilibrios estructurales de todo tipo. Y aunque existen corrientes espiritualistas que opinan que una absoluta sublimación consciente de la energía sexual redunda en una mayor profundización en los ámbitos espirituales (lo que los hindúes conocen tradicionalmente por "Brahmachari" o celibato consciente consistente en la entrega exclusiva a la investigación divina de los mundos suprasensibles), es sabido que, concretamente en el caso de las mujeres, una sana, sabia y armoniosa actividad sexual favorece el desarrollo de la capacidad perceptiva de lo espiritual, de por si más desarrollada que en el hombre, en función de su evolución anímica y de la calidad de sus energías internas.

En tal sentido, en cuanto a la concepción espiritual de lo femenino -ya sea la Madre Divina, Sophia o la Virgen María- conviene recordar que la Iglesia Católica, la institución más antigua y poderosa del mundo civilizado, necesitando un "ídolo" o símbolo representativo de la institución, se apropió en el pasado del arquetipo de lo "femenino" bíblico, y posteriormente de la individualidad de la madre de Jesús, y a semejanza de los antiguos dioses de los cultos paganos se ha nutrido arquetípicamente mediante la utilización de las personalidades de los denominados "santos", seres humanos presuntamente puros y castos. Y en esta dirección, las cualidades de la Virgen de la Iglesia Católica han sido deformadas en los valores de una madre dulcemente castrante que crea y fomenta la dependencia de sus hijos, en un estado de perpetua infantilidad, sin autonomía ni autodeterminación posible, que retrotrae al ser humano a épocas ya arcáicas como lo fue la época del alma sensible. Todo ello constituye una estrategia perfectamente diseñada para hacer inoperante el Conocimiento Espiritual a su "rebaño" de practicantes y feligreses, en lo que supone una actitud netamente anticrística, al estar esa dependencia devocional en manifiesta contradicción con la libertad esencial del hombre y, en su consecuencia, al ser impropia de la época actual de desarrollo de la conciencia individual del ser humano.

Equipo Redacción BIOSOPHIA

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